Entrada a la tumba del Bat Ayin en Safed
Entrada a la tumba del Bat Ayin en Safed

El rabino Avraham Dov de Avritch anhelaba la Tierra de Israel cuando todavía vivía en el extranjero. Cuando los emisarios de Tierra Santa llegaban a su casa, les pedía hablar de la Tierra, sus ciudades santas y sus virtudes.

«Incluso sus piedras son gemas»

Un Shabat recibió en su casa a un emisario que habló largamente de las virtudes de la Tierra. Después de describir Jerusalén y los lugares sagrados, concluyó diciendo que incluso las piedras de la Tierra de Israel no eran piedras corrientes, sino como gemas. Sus palabras llegaron al corazón del Bat Ayin y reforzaron su decisión de emigrar.

Después de establecerse en la Tierra de Israel, volvió a encontrarse con aquel emisario y le dijo que sentía la santidad de la Tierra, pero que sus piedras le parecían como todas las demás. El emisario respondió: las piedras de la Tierra sí brillan como gemas, pero no todos tienen el mérito de verlo.

Una oración que cambió su mirada

Según la tradición, el Bat Ayin entró en su habitación y rezó entre lágrimas para merecer ver la grandeza espiritual de la Tierra. Tiempo después invitó a sus compañeros a una comida y les anunció que había merecido ver que las piedras de Tierra Santa brillaban como gemas. Añadió que incluso quien no lo ve debe saber que la limitación no está en la Tierra, sino en la capacidad humana de percibir su santidad.

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